domingo, 30 de noviembre de 2014

Dile a tu hijo/a lo bien que lo hace: cómo elogiar.


elogiar a los niños, niñas y adolescentes
Hace unas semanas tuve la suerte de poder leer el artículo “Hacen falta cinco cumplidos para resarcir un insulto” en el Blog de Eduard Punset.  Esto me hizo reafirmar algo que ya tenía muy claro, la importancia de saber elogiar a los más pequeños en lugar de repetir y reafirmar, directa o indirectamente, lo que no realizan tan bien.

Los padres y madres son las personas que más quieren a sus hijos e hijas, pero también los que más “los sufren”.  Está demostrado que en cualquier relación lo que en un inicio nos agrada y sorprende por lo bien que se hace, en poco tiempo se convierte en una “obligación” y nos centramos en lo que no se realiza tan bien.  Esto también ocurre con ellos.

Tendemos a responder sólo ante las malas conductas y esto hace que el niño perciba a veces que la única manera de recibir atención de sus padres es comportándose mal.

Lo correcto es felicitar al niño inmediatamente después de que haya hecho algo bueno, incluidas las “pequeñeces” como hablar sin gritar, pedirle un juguete a su hermana en lugar de quitárselo, estudiar todos los días…


Así que, entendiendo y comprendiendo lo difícil que puede llegar a ser, no podía dejar de intentar dejar unas breves recomendaciones para “saber elogiar” y que así, de vez en cuando, nos centremos y expresemos a nuestros hijos e hijas lo bien que también saben hacer las cosas.

Para empezar, olvidémonos de las ETIQUETAS, por favor



Cuando etiquetamos el comportamiento o conducta de un niño o niña estamos utilizando afirmaciones que son vagas y generales y, por lo tanto, no le estamos diciendo al niño de una forma clara qué es lo que esperamos de él o qué es lo que está haciendo mal.

Esto nos puede llevar a lo que se conoce como “Profecía autocumplida”: el niño acabará comportándose siempre de la manera en que le decimos que se comporta a veces. Por ejemplo, “eres un desordenado y un desastre”.

Por otro lado nos hacen ver al niño como incorregible, cuando en realidad  la conducta de un niño o niña cambia con el paso del tiempo y de una situación a otra. Y esto puede llevarnos a la Pasividad, llegando a pensar que este niño es “así” y que no hay nada que podamos hacer.

Recomendaciones de cómo ELOGIAR

Debe hacerse a menudo. “Qué bien te has portado en casa de los abuelos”, “estás poniendo la mesa genial”, “eres un fenómeno haciendo la cama”, “qué bien que te has lavado los dientes tú solo, sin que yo te dijera nada", etc.

  • Usar elogios concretos. Hay que decirle al niño exactamente lo que ha hecho bien. Cuanto más concreto sea el elogio, mejor comprenderá el niño lo que ha hecho bien y será más probable que lo repita. Por ejemplo, una mañana vemos que nuestra hija se ha hecho la cama, y al encontrárnosla en el baño peinándose le decimos “muy bien, cariño”.
  • Elogiar el comportamiento y no la personalidad. En lugar de “eres una niña muy buena”, “qué bien has hablado a la abuela”.
  • Elogiar inmediatamente. Los elogios son mucho más eficaces cuando se producen pronto, especialmente en el caso de niños pequeños. Algunos niños mayores pueden apreciar el reconocimiento posterior.
  • Elogiar cada pequeño paso en el camino hacia la conducta deseada. Debéis felicitarle por sus pequeñas mejoras, no por la perfección de sus acciones.
  • Elogiar de acuerdo con las preferencias y reacciones del niño. En niños pequeños: abrazos, besos,… junto con palabras de aprobación. En niños un poco mayores: elogios discretos (un guiño, levantar el pulgar,…). Otros niños mayores aceptan mejor comentarios simpáticos que elogios directos: “qué brigada de limpieza habrá pasado por aquí” puede ser mejor que decir “has hecho la cama y has limpiado estupendamente”.
  • También se puede elogiar al niño delante de otras personas para que él lo oiga.

¿Elogiar es lo mismo que premiar? Cómo PREMIAR



Según la orientación cognitivo-conductual el elogio puede ser una forma de premio o refuerzo positivo con la intención de modificar una conducta.  Es decir, el elogio en sí es un tipo de premio o recompensa social que hará sentir mejor al niño, pero que, en algunos casos, debe ir acompañada de otro tipo de reforzadores. En este sentido unas recomendaciones son:

  • Sólo dar premios materiales al niño cuando se comporte bien. Por ejemplo, los sábados cuando salimos a pasear por la mañana: “Si te portas bien el sábado por la mañana, te compraré los cromos y unas gominolas”. Los premios no tienen por qué ser siempre cosas materiales. Se puede premiar de muchas otras maneras: dedicándole al niño una tarde entera de juegos con él, llevándole al parque, dejando que escoja la cena, 15 minutos más de videojuegos el sábado,…
  • Las recompensas y privilegios que demos al niño deben estar adaptados a sus gustos particulares. Por  ejemplo: Para un niño ver la tele 15 minutos más antes de acostarse puede ser un premio y para otro no. Para un niño que come muy mal escoger la cena del sábado es un premio y para otro que come de todo no tanto.
  • Estos premios deben variarse con cierta frecuencia, para evitar la saciación, es decir, que el niño se canse de recibir siempre los mismos premios.
  • Los premios deben ser coherentes, es decir, darse en proporción a la importancia y dificultad de la conducta que se desea premiar. Los grandes premios sólo deben darse si se trata de un comportamiento adecuado que nos parezca importante y que le suponga un esfuerzo al niño.

Pero, como siempre, los que mejor conocéis a vuestros hijos sois vosotros, las personas que los queréis y cuidáis. Tened presente que cada niño es diferente, que lo que hace casi siempre tiene un motivo e intentad no quedaros sólo con lo aparente.

Mediante sus actos os están demostrando sus emociones y sentimientos, escuchémoslos.


lunes, 25 de agosto de 2014

¿Qué hago con las rabietas de mi hijo/a?

Las rabietas o berrinches son una situación embarazosa que a menudo los padres no saben cómo manejar. Incluso se plantean si al niño puede pasarle algo grave o si han hecho algo mal como padres. Sin embargo, esta es una conducta normal en los niños, y sólo es necesario saber cómo reaccionar.
Muchos padres se sienten abochornados o impotentes ante las repetidas rabietas de su hijo en público, y tienen muchas dudas sobre cuál es la actitud a tomar. Ante todo, lo más importante es conservar la calma. Los gritos de un niño son estridentes y desagradables, pero los padres deben pensar que se trata de una actitud relativamente natural.

Las rabietas son el resultado de la incapacidad de contener los impulsos ante una situación de frustración. Suelen aparecer en los niños que tienen entre 12 y 18 meses de edad, y empeoran entre los dos y los tres años, un período en el cual asumen que son seres independientes de los padres y quieren controlar esa independencia. Si están cansados, hambrientos o enfermos, las rabietas suelen ser más frecuentes o intensas.


 ¿Cuándo son anormales las rabietas?  
Podemos considerar que las rabietas son anormales y precisan de ayuda de un especialista:
  • Si no menguan una vez superados los 4 años.
  • Si el niño causa lesiones o se autolesiona durante un berrinche.
  • Si se aguanta la respiración o se produce un desmayo.
  • Si el niño se niega a comer o a dormir de forma reiterada.
  • Si éstas van acompañadas de otros síntomas como pesadillas, terrores nocturnos, involución en el control de los esfínteres, dolor de estómago, ansiedad, o incluso aferrarse a los padres.
 ¿Qué hacer?  
En cualquier caso, no es aconsejable que los padres griten o golpeen al niño, ya que en la mayoría de casos esto empeora la situación. Tampoco deben ceder ante las peticiones del niño.  Mientras no tenga una conducta destructiva, ignorar al niño también puede ser una solución, ya que el berrinche es una conducta para llamar la atención. Los padres no deben hablar ni reaccionar hasta que el comportamiento cese.

La recomendación es:

1. RETIRADA DE ATENCIÓN EN EL MOMENTO DE LA CONDUCTA
Consiste en eliminar la atención, es decir, el refuerzo, que una conducta provoca.
  • Evitar mirar a los ojos al niño ni hacerle ninguna señal no verbal.  Ejemplo: si no quiere andar en medio de la calle, mantenerlo fuertemente cogido por la mano y seguir andando.
  • No mantener ningún contacto verbal con el niño.  No reprochar, sermonear, etc.  Entonces conseguirá que le prestes atención, por lo que no tienes que hacerlo.
  • Comenzar a ignorar al niño tan pronto como la conducta empieza.
  • Es posible que la conducta empeore en un primer momento.  Tienes que resistir y demostrarle que eres tú quien domina la situación.
  • Se tiene que ser muy paciente.  Los resultados no se obtienen de primeras.
  • Ser constantes, de lo contrario, volveremos a prestar atención a la conducta no deseado y lo que haremos es reforzarla.
 2.   REFORZAR CONDUCTAS POSITIVAS
No solo tenemos que dejar de prestar atención al niño durante la conducta de “rabieta”, también tenemos que reforzar cualquier intento de portarse bien en situaciones conflictivas, por muy pequeño que sea.  Para ello hay que prestar atención a lo positivo.
Para ello debemos concretar las 2 ó 3 conductas que queremos PREMIAR y que sean contrarias a la conducta que no nos gusta.  Ir una a una.
a.   Ejemplo: si le gustan los coches, motos, semáforos… podemos pactar con él que si los contamos todos hasta llegar al colegio ganará algo que le guste mucho.  Como el niño es pequeño el premio tiene que ser algo que reciba antes de entrar al colegio para que entienda que es por esa conducta (no dejarlo para la tarde o la noche).
b.   Otras conductas a premiar: ir de la mano todo el camino, contar los pasos en el suelo...

Si necesitas más información para vuestra situación en particular con dudes en consulta a psidudas@gmail.com
BIBLIOGRAFÍA

lunes, 9 de junio de 2014

Pesadillas en los niñ@s, ¿qué hago?


Aunque las pesadillas no suelen suponer un riesgo, por sí mismas, para la salud del niño, sí que pueden producir un cierto temor a dormir, en especial, si éstas son frecuentes.
Es en estos casos es cuando se puede alterar el patrón de sueño y aparecer secundariamente la somnolencia excesiva, irritabilidad, ansiedad, etc.


A medida que disminuyen las causas que lo han producido irán desapareciendo. No suelen existir trastornos psicológicos asociados a las pesadillas sino que normalmente tienen relación con fases específicas del desarrollo emocional.

 
Cuando son muy frecuentes, sí que se ha asociado a niños con un perfil de inseguridad por algún motivo familiar, escolar u otro. 
Son también habituales en niños que han estado separados de sus madres durante un largo periodo de tiempo o si son hospitalizados.

Normalmente estos episodios se superan con la edad y no necesitan ningún tipo de intervención psicológica.

Recomendaciones cuando suceden las pesadillas


- Tranquilízalo haciéndole sentir que estás a su lado.  Ayudará a tu hijo a sentirse seguro y protegido.
- Explícale lo que ocurre. Habla con tu hijo para que comprenda que ha tenido una pesadilla y que no es real.
- Consuélalo. Muestra a tu hijo que entiendes que esté asustado y que tener miedo no es malo y que incluso es natural.
- Juega con su imaginación. Puedes usar la imaginación del niño para hacer desaparecer los “causantes” de las pesadillas por ejemplo utilizando un supuesto “spray especial para eliminar monstruos”.
- Deja una luz encendida. Dejar una luz encendida puede ser un punto de seguridad para el niño. También dejar una linterna en su mesita de noche.
- Ayuda a tu hijo a volver a dormir. Dándole cariño y consuelo ayudarás a que cambie su estado de ánimo. (darle su peluche favorito, taparlo con una manta, colocarle una almohada, encender una lámpara o incluso ponerle música tranquila).
- Escúchalo con interés. No es necesario hablar demasiado sobre la pesadilla a altas horas de la noche; pero es posible que por la mañana, tu hijo quiera contarte con mayor detalle la pesadilla de la noche anterior. Al hablar de la pesadilla a la luz del día  muchas de las imágenes angustiosas pierden su poder.

Si te quedan dudas consulta con un profesional sanitario.




lunes, 2 de junio de 2014

Mi hijo tiene miedo, ¿qué hago?

Muchas de las consultas que me hacen los padres informalmente o en la propia consulta son referente a los miedos de sus hijos.  Es por ello que he querido hacer esta entrada en el blog donde hago un repaso exhaustivo a lo que son los miedos e incluyo algunas recomendaciones.

¿Qué son los miedos?

No tenemos que olvidar que los miedos son una reacción normal y adaptativa ante estímulos que implican peligro o amenaza, real o imaginaria.
Tienen una función adaptativa: cómo enfrentarse de forma adecuada a situaciones difíciles y amenazantes. 
Se manifiesta a 3 niveles:
-Conductas (escapar, gritar)
-Sentimientos y pensamientos (ira, agresividad, pensamientos irreales)
-Cambios fisiológicos (sudoración, taquicardia, temblores)

Lo que es cierto es que, en muchos casos, es un miedo aprendido: la respuesta de miedo es innata, pero se realiza por imitación de un comportamiento de temor visto en los demás, así el niño aprende a ser miedoso. Y se mantiene a lo largo del tiempo por el recuerdo de las situaciones temidas y sus consecuencias.

Los miedos infantiles

Los niños y niñas, a lo largo de su desarrollo, experimentan numerosos miedos.  La mayoría son pasajeros, persistiendo más o menos en el tiempo.  Pero otros aparecen o desaparecen a lo largo de las etapas evolutivas del niño. 
Para ver estos miedos evolutivos accede a la entrada de este mismo blog “¿Son normales los miedos de mi hijo/a?” 

Además, tenemos que tener en cuenta que los miedos, sin proponérselo los niños ni los padres y madres, proporcionan unas ciertas ventajas:
- Mayor atención.
- Evitar enfrentarse a la situación temida o desagradable.


¿Cuándo los miedos se convierten en un problema?

Cuando la reacción del niño es exagerada y desproporcionada ante una situación y trata de evitarla por todos los medios, impidiéndole llevar una vida normal.  También tenemos que tener en cuenta si el tipo de miedo corresponde o no a su edad evolutiva y si tiene una persistencia superior a los 6 meses.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

- Es importante el papel del adulto en la resolución de estos conflictos.  
- Educar positivamente con elogios e incentivos, no amenazas y coacciones.
- Hay que restar importancia a las reacciones de miedo para irlas debilitando. 
- Pero no quitar importancia a los miedos, para nuestros hijos son algo muy intenso.
- No enseñar formas de evitar las situaciones conflictivas, puede agravar el problema.

Para ayudar a los niños y niñas a superar los miedos:

- Evitar la palabra miedo en conversaciones delante del niño.
- Intentar que el niño realice alguna actividad incompatible con el miedo.
Si tiene que enfrentarse que sea de forma gradual. 
- Evitar la sobreprotección: aumenta el miedo.
- Hay que dejar el espacio necesario para que el niño exprese sus preocupaciones y miedos. Cuando el miedo se manifieste, es importante que habléis sobre ello: escucha al niño con atención y transmítele confianza, tranquilidad, afecto y seguridad.
- Explícale que, a veces, tú también tienes miedo. Compartir esta experiencia con el niño le ayudará a entender que es una emoción que todo el mundo siente en ciertas situaciones de la vida.
- Puedes dibujar un termómetro (graduado del 1 al 10) que mida «grados de miedo». Pon ejemplos de situaciones que provoquen miedo en el niño y marca en el termómetro los «grados de miedo» correspondientes a cada caso.
- Es muy útil hacer una lista de situaciones y seres que den miedo al pequeño. Luego, es interesante separar las situaciones reales (oscuridad, truenos, perros, separación de los padres, gritos, muerte, etc.) de las irreales (monstruos, brujas, fantasmas, vampiros, etc.).
- Una actividad es buscar fotografías o hacer dibujos de las situaciones y seres que den miedo al niño y ponerlos en una caja o en una bolsa.

Y sobretodo, no debemos:

-  Manifestar los miedos delante del niño.
Amenazarles con brujas ni personajes maléficos.  El recurso del miedo es una práctica educativa inadecuada.
- No burlarnos de ellos, ya que aumenta el miedo por el sentimiento de frustración.

 “No es valiente quien no tiene miedo, sino el que teniéndolo, sigue adelante" 



En la mayoría de los casos estos miedos remitirán.  Si no es así, o piensas que necesitas ayuda de un profesional para resolver tus dudas, consulta sin problemas.