lunes, 9 de junio de 2014

Pesadillas en los niñ@s, ¿qué hago?


Aunque las pesadillas no suelen suponer un riesgo, por sí mismas, para la salud del niño, sí que pueden producir un cierto temor a dormir, en especial, si éstas son frecuentes.
Es en estos casos es cuando se puede alterar el patrón de sueño y aparecer secundariamente la somnolencia excesiva, irritabilidad, ansiedad, etc.


A medida que disminuyen las causas que lo han producido irán desapareciendo. No suelen existir trastornos psicológicos asociados a las pesadillas sino que normalmente tienen relación con fases específicas del desarrollo emocional.

 
Cuando son muy frecuentes, sí que se ha asociado a niños con un perfil de inseguridad por algún motivo familiar, escolar u otro. 
Son también habituales en niños que han estado separados de sus madres durante un largo periodo de tiempo o si son hospitalizados.

Normalmente estos episodios se superan con la edad y no necesitan ningún tipo de intervención psicológica.

Recomendaciones cuando suceden las pesadillas


- Tranquilízalo haciéndole sentir que estás a su lado.  Ayudará a tu hijo a sentirse seguro y protegido.
- Explícale lo que ocurre. Habla con tu hijo para que comprenda que ha tenido una pesadilla y que no es real.
- Consuélalo. Muestra a tu hijo que entiendes que esté asustado y que tener miedo no es malo y que incluso es natural.
- Juega con su imaginación. Puedes usar la imaginación del niño para hacer desaparecer los “causantes” de las pesadillas por ejemplo utilizando un supuesto “spray especial para eliminar monstruos”.
- Deja una luz encendida. Dejar una luz encendida puede ser un punto de seguridad para el niño. También dejar una linterna en su mesita de noche.
- Ayuda a tu hijo a volver a dormir. Dándole cariño y consuelo ayudarás a que cambie su estado de ánimo. (darle su peluche favorito, taparlo con una manta, colocarle una almohada, encender una lámpara o incluso ponerle música tranquila).
- Escúchalo con interés. No es necesario hablar demasiado sobre la pesadilla a altas horas de la noche; pero es posible que por la mañana, tu hijo quiera contarte con mayor detalle la pesadilla de la noche anterior. Al hablar de la pesadilla a la luz del día  muchas de las imágenes angustiosas pierden su poder.

Si te quedan dudas consulta con un profesional sanitario.




lunes, 2 de junio de 2014

Mi hijo tiene miedo, ¿qué hago?

Muchas de las consultas que me hacen los padres informalmente o en la propia consulta son referente a los miedos de sus hijos.  Es por ello que he querido hacer esta entrada en el blog donde hago un repaso exhaustivo a lo que son los miedos e incluyo algunas recomendaciones.

¿Qué son los miedos?

No tenemos que olvidar que los miedos son una reacción normal y adaptativa ante estímulos que implican peligro o amenaza, real o imaginaria.
Tienen una función adaptativa: cómo enfrentarse de forma adecuada a situaciones difíciles y amenazantes. 
Se manifiesta a 3 niveles:
-Conductas (escapar, gritar)
-Sentimientos y pensamientos (ira, agresividad, pensamientos irreales)
-Cambios fisiológicos (sudoración, taquicardia, temblores)

Lo que es cierto es que, en muchos casos, es un miedo aprendido: la respuesta de miedo es innata, pero se realiza por imitación de un comportamiento de temor visto en los demás, así el niño aprende a ser miedoso. Y se mantiene a lo largo del tiempo por el recuerdo de las situaciones temidas y sus consecuencias.

Los miedos infantiles

Los niños y niñas, a lo largo de su desarrollo, experimentan numerosos miedos.  La mayoría son pasajeros, persistiendo más o menos en el tiempo.  Pero otros aparecen o desaparecen a lo largo de las etapas evolutivas del niño. 
Para ver estos miedos evolutivos accede a la entrada de este mismo blog “¿Son normales los miedos de mi hijo/a?” 

Además, tenemos que tener en cuenta que los miedos, sin proponérselo los niños ni los padres y madres, proporcionan unas ciertas ventajas:
- Mayor atención.
- Evitar enfrentarse a la situación temida o desagradable.


¿Cuándo los miedos se convierten en un problema?

Cuando la reacción del niño es exagerada y desproporcionada ante una situación y trata de evitarla por todos los medios, impidiéndole llevar una vida normal.  También tenemos que tener en cuenta si el tipo de miedo corresponde o no a su edad evolutiva y si tiene una persistencia superior a los 6 meses.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

- Es importante el papel del adulto en la resolución de estos conflictos.  
- Educar positivamente con elogios e incentivos, no amenazas y coacciones.
- Hay que restar importancia a las reacciones de miedo para irlas debilitando. 
- Pero no quitar importancia a los miedos, para nuestros hijos son algo muy intenso.
- No enseñar formas de evitar las situaciones conflictivas, puede agravar el problema.

Para ayudar a los niños y niñas a superar los miedos:

- Evitar la palabra miedo en conversaciones delante del niño.
- Intentar que el niño realice alguna actividad incompatible con el miedo.
Si tiene que enfrentarse que sea de forma gradual. 
- Evitar la sobreprotección: aumenta el miedo.
- Hay que dejar el espacio necesario para que el niño exprese sus preocupaciones y miedos. Cuando el miedo se manifieste, es importante que habléis sobre ello: escucha al niño con atención y transmítele confianza, tranquilidad, afecto y seguridad.
- Explícale que, a veces, tú también tienes miedo. Compartir esta experiencia con el niño le ayudará a entender que es una emoción que todo el mundo siente en ciertas situaciones de la vida.
- Puedes dibujar un termómetro (graduado del 1 al 10) que mida «grados de miedo». Pon ejemplos de situaciones que provoquen miedo en el niño y marca en el termómetro los «grados de miedo» correspondientes a cada caso.
- Es muy útil hacer una lista de situaciones y seres que den miedo al pequeño. Luego, es interesante separar las situaciones reales (oscuridad, truenos, perros, separación de los padres, gritos, muerte, etc.) de las irreales (monstruos, brujas, fantasmas, vampiros, etc.).
- Una actividad es buscar fotografías o hacer dibujos de las situaciones y seres que den miedo al niño y ponerlos en una caja o en una bolsa.

Y sobretodo, no debemos:

-  Manifestar los miedos delante del niño.
Amenazarles con brujas ni personajes maléficos.  El recurso del miedo es una práctica educativa inadecuada.
- No burlarnos de ellos, ya que aumenta el miedo por el sentimiento de frustración.

 “No es valiente quien no tiene miedo, sino el que teniéndolo, sigue adelante" 



En la mayoría de los casos estos miedos remitirán.  Si no es así, o piensas que necesitas ayuda de un profesional para resolver tus dudas, consulta sin problemas.