lunes, 25 de agosto de 2014

¿Qué hago con las rabietas de mi hijo/a?

Las rabietas o berrinches son una situación embarazosa que a menudo los padres no saben cómo manejar. Incluso se plantean si al niño puede pasarle algo grave o si han hecho algo mal como padres. Sin embargo, esta es una conducta normal en los niños, y sólo es necesario saber cómo reaccionar.
Muchos padres se sienten abochornados o impotentes ante las repetidas rabietas de su hijo en público, y tienen muchas dudas sobre cuál es la actitud a tomar. Ante todo, lo más importante es conservar la calma. Los gritos de un niño son estridentes y desagradables, pero los padres deben pensar que se trata de una actitud relativamente natural.

Las rabietas son el resultado de la incapacidad de contener los impulsos ante una situación de frustración. Suelen aparecer en los niños que tienen entre 12 y 18 meses de edad, y empeoran entre los dos y los tres años, un período en el cual asumen que son seres independientes de los padres y quieren controlar esa independencia. Si están cansados, hambrientos o enfermos, las rabietas suelen ser más frecuentes o intensas.


 ¿Cuándo son anormales las rabietas?  
Podemos considerar que las rabietas son anormales y precisan de ayuda de un especialista:
  • Si no menguan una vez superados los 4 años.
  • Si el niño causa lesiones o se autolesiona durante un berrinche.
  • Si se aguanta la respiración o se produce un desmayo.
  • Si el niño se niega a comer o a dormir de forma reiterada.
  • Si éstas van acompañadas de otros síntomas como pesadillas, terrores nocturnos, involución en el control de los esfínteres, dolor de estómago, ansiedad, o incluso aferrarse a los padres.
 ¿Qué hacer?  
En cualquier caso, no es aconsejable que los padres griten o golpeen al niño, ya que en la mayoría de casos esto empeora la situación. Tampoco deben ceder ante las peticiones del niño.  Mientras no tenga una conducta destructiva, ignorar al niño también puede ser una solución, ya que el berrinche es una conducta para llamar la atención. Los padres no deben hablar ni reaccionar hasta que el comportamiento cese.

La recomendación es:

1. RETIRADA DE ATENCIÓN EN EL MOMENTO DE LA CONDUCTA
Consiste en eliminar la atención, es decir, el refuerzo, que una conducta provoca.
  • Evitar mirar a los ojos al niño ni hacerle ninguna señal no verbal.  Ejemplo: si no quiere andar en medio de la calle, mantenerlo fuertemente cogido por la mano y seguir andando.
  • No mantener ningún contacto verbal con el niño.  No reprochar, sermonear, etc.  Entonces conseguirá que le prestes atención, por lo que no tienes que hacerlo.
  • Comenzar a ignorar al niño tan pronto como la conducta empieza.
  • Es posible que la conducta empeore en un primer momento.  Tienes que resistir y demostrarle que eres tú quien domina la situación.
  • Se tiene que ser muy paciente.  Los resultados no se obtienen de primeras.
  • Ser constantes, de lo contrario, volveremos a prestar atención a la conducta no deseado y lo que haremos es reforzarla.
 2.   REFORZAR CONDUCTAS POSITIVAS
No solo tenemos que dejar de prestar atención al niño durante la conducta de “rabieta”, también tenemos que reforzar cualquier intento de portarse bien en situaciones conflictivas, por muy pequeño que sea.  Para ello hay que prestar atención a lo positivo.
Para ello debemos concretar las 2 ó 3 conductas que queremos PREMIAR y que sean contrarias a la conducta que no nos gusta.  Ir una a una.
a.   Ejemplo: si le gustan los coches, motos, semáforos… podemos pactar con él que si los contamos todos hasta llegar al colegio ganará algo que le guste mucho.  Como el niño es pequeño el premio tiene que ser algo que reciba antes de entrar al colegio para que entienda que es por esa conducta (no dejarlo para la tarde o la noche).
b.   Otras conductas a premiar: ir de la mano todo el camino, contar los pasos en el suelo...

Si necesitas más información para vuestra situación en particular con dudes en consulta a psidudas@gmail.com
BIBLIOGRAFÍA